miércoles, 12 de octubre de 2011

Lo del medio

Hay días en los que los finales son desoladores y uno no sabe qué hizo mal, desde el principio, y repasa cada instante desde que sonó la alarma de la mañana hasta que nos vimos inmersos, a última hora, o casi, en la pena o la desidia, a veces el cabreo que, en todas sus formas hacen del final del día un momento desolador.

No soy una persona que esté acostumbrada a los finales felices pero tampoco a los inicios tristes. Y así, prefiero un drama al final que de principio a fin. Me levanto sola cada mañana, sin besos ni abrazos que echar de menos y añorar el resto del día laborable, lo que me hace más dura. Y no sé de dónde tiro, cuál es el hilo invisible que me sostiene, pero algo superior a mí misma me ata al optimismo o al menos a la supervivencia. La vida puede empezar muy bien y acabar como uno quiera, este es mi descubrimiento reciente. Sé que puedo dirigir hasta cierto punto el estado de ánimo con el que afrontar el destino, en el que creo; el azar, en el que en el fondo me gustaría no creer. Ahí están, los dos, impuestos, no elegidos, para ser domeñados por mi decisión de estar triste o alegre, de ser cazador o cazado.

Siempre habrá un motivo para la tristeza, solo hay que echar un ojo alrededor cada mañana, pero también -no hay que olvidarlo- siempre va a haber algo en lo que confiar, empezando por uno mismo. Sin nosotros, qué sería de nuestras vidas. Somos tan importantes y nos hacemos tan de menos. Fumamos, comemos basura o no comemos, nos machacamos en los gimnasios o nos abandonamos al sofá y a la propia vida, y una vez en ella, cada mañana y cada noche, nos quejamos, nos deprimimos, preguntándonos qué hacemos mal, sin darnos cuenta de la importancia de tenernos y de guiarnos, la mejor compañía imaginable tan cerca y tan poco aprovechada.

Puede que haya finales de día malos, finales de vida horribles por el azar, el destino o la voluntad, a pesar de los buenos comienzos, pero qué divertido puede ser lo del medio, donde puedo intentar ser lo que quiera, probar a amar, a crear, a imaginar. Vivir tiene mucho de imaginación y de creatividad. Hacerse un día requiere de talento, y todos de algún modo lo tenemos, así que no hay más que ponerse a ello y ver qué sale. A más esfuerzo, mejores resultados, eso sí. Puedes llegar incluso a esquivar azares y destinos indeseables.

1 comentario:

  1. Del desánimo al optimismo solo hay un paso, un par de párrafos más abajo. Fantástica resolución.

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