Tengo un lunes pegado a la cara y un martes enganchado al cuello que me cuelga de la espalda. No puedo librarme de ellos aunque anoche me mentalicé y me hice con todas las armas posibles: un envidiable optimismo que me llevó a escuchar a los ACDC antes de ir a dormir y me insufló el ánimo necesario para enfrentarme a las pesadillas nocturnas de los domingos; una visualización del lunes por la tarde –tarde-noche, vamos a ser exactos- mientras salgo de la oficina cansada pero satisfecha, con el deber cumplido; pero sobre todo una buena dosis de el mundo gira y yo me subo y me bajo cuando quiero, nadie me obliga.
De todos los lunes de los tres últimos meses este es uno de los más tristes porque ya es otoño y octubre ha empezado a serlo hace muy poco, todavía tiene reminiscencias de septiembre, los días van acortándose sin que podamos frenar la falta de luz, dejarla con nosotros un poco más, unos días al menos, antes del abrigo, antes del frío en el rostro al salir del portal, cuando aún es de noche y añoramos la cama, caliente, en la que se ha quedado nuestra pareja o en la que nuestro calor, solo, se debate por tenernos de nuevo a su lado. Qué hace un calor sin cuerpo en el que introducirse.
Los lunes las noticias de actualidad social y política me deprimen más de lo habitual. El domingo intento evitar las desgracias –inundaciones, desfalcos, crisis varias, hambruna- y me centro en los reportajes y en noticias culturales –últimamente también algo deprimentes, todo se pega-, pero el lunes no puedo escapar a la actualidad cuando enciendo el ordenador y se me cuela por los ojos, creyendo que estoy preparada para lo que sea.
Esta mañana de lunes me consuela advertir que sigue habiendo indignados que no se conforman adormecidos en el cansancio de la cotidianidad, que el rescate de Grecia quizá sea posible, que las buenas intenciones no son solo de unos pocos. Pero me mortifica la pena de muerte a los catorce años, la palabra horca, la cifra de parados, los suicidas griegos, las familias rotas, la muerte y más muerte que anoche intuí en mis pesadillas y que hoy confirmo en mi vigilia. El mundo gira y yo me subo y dejo que la actualidad me entre por los ojos, aunque duela, ya llegará el calorcito de mi cama esta noche.
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