lunes, 31 de octubre de 2011

Vuelta a la realidad

Hoy es uno de esos días en los que la realidad cobra un sentido distinto. Vuelvo a estar en el mundo tras haber viajado, pisado otras tierras que no son las de mi ciudad de residencia habitual. He visto mares y marineros tan blancos que a través de la piel se les adivinaban las venas de sus brazos. He sentido cómo fueron otros momentos parecidos, cuando los ciegos de aquel país volvían de pronto a ver y el corazón me dio un vuelco. He recordado la desgracia de aquella mujer abandonada a su suerte tras quedar mancillada por el tal Juanito, Fortunata la llamaban, qué lejos de su destino el nombre, qué ironía. Me recuerdan momentos como hoy a aquel también, menos literario pero igualmente absorbente, en el que el hombre que odiaba a las mujeres es finalmente liquidado como un monstruo. A través de su víctima mayor, representante de todas las que él asesinó, viajé a la Suecia actual y llegué también, por cierto, a Lindqvist y a una niña vampírica y entrañable que dejaba entrar al compañero con el que jugar, nada más.

Desde días como estos, por supuesto, he estado también en el pasado, en las tierras castellanas que aborrezco, pero amo a través del loco cuerdo que las holló junto a su fiel escudero. Y de escuderos fieles me remonto al final de la gran historia de mi juventud, del gran libro de fantasía, en el que Frodo, finalmente, se deshace del tesoro, gracias a la ayuda de su Sam.

Cada vez que me han abandonado, algunos después de meses, la mayoría conmigo día y noche, me pregunto cómo será la relectura y creo que nunca será lo mismo. El placer de la primera vez, del descubrimiento, del desenlace que nos deja temblando porque se acabó de pronto lo que nos rodeó durante tanto tiempo, es solo comparable a cuando uno escribe y sabe que lo que está contando terminará también, como ahora, para siempre. Habrá otros escritos y otros días y otros momentos, pero no serán este, y da pena que se acaben, aunque duren años, unos días solo, una hora apenas, unos minutos, lo que tardas en fabricar un tweet, un microrrelato o el verso de un poema. Lo bueno, como hoy, y a pesar de haber terminado de leer la última de novela de uno de mis autores favoritos y de estar a un tiempo terminando mi reflexión de este final de mes en el que cumplo 31 escritos que nunca pensé llegar a expresar, es que la realidad recibe, pase lo que pase, con los brazos abiertos para que te metas de nuevo en ella, siempre hay un hueco esperando.

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