A algunos políticos –muchos– les encanta saltarse las normas y también las expresiones, que renombran a su antojo, y así, ir un paso por delante, por ejemplo, como se suele decir, se convierte en ir un paso por detrás –sobre todo para algunos– del resto del mundo, de lo conseguido y, o se cargan lo que el anterior partido político hizo cuando estuvo en el poder en la antigua legislatura o retoman leyes e ideas del pasado que ni siquiera fueron promulgadas por los de su ideología. Sorprendente, pero cierto.
Los democristianos de CiU proponen terapias psicológicas y tratamientos para curar la homosexualidad. Rajoy, por otro lado, dice que si gana las elecciones no derogará la ley del aborto actual, aprobada por el gobierno de Zapatero, sino que la reformará. Su gran plan es volver a la que en el año 1985 se aprobara durante el gobierno de Felipe González–vuelven fuertes los ochenta–. Yo creo que hay cierto punto de intención de progreso al mencionar a Felipe González, todo un clásico, y al situarnos en los ochenta, que quieras que no es también muy enrollado en estos tiempos –ya empieza a pasar de moda, ojo–. De esta forma, todo lo que pudiéramos pensar de él relacionado con un pensamiento retrógrado y obsoleto queda en un segundo plano.
La ley del aborto de 1985, señor Rajoy, fue modificada por el actual gobierno en el 2010 por anticuada y propia de los primeros pasos en los ochenta de un gobierno socialista en una recién estrenada democracia. Está bien volver a las antiguas modas, retomar viejas canciones y rescatar del armario las hombreras, pero volver a una ley que, temerosa, había de escudarse en el daño psicológico que podía ocasionar a una mujer llevar adelante un embarazo no deseado –como si fuera una trampa o una excusa y no cierto el daño– para no enfrentarse a los, como siempre, ultraconservadores partidos de derechas y que provocó –y no evitó, como pretendían– más abortos de los esperados, tanto que se batió un récord en el año 2008, me parece sencillamente algo obtuso –muy propio de usted, por otro lado–, no tenaz ni inteligente, sino irritante, aunque sin duda acorde con su pensamiento anticuado, conservador y poco realista. Sus niñas queridas, sus impolutas y hermosas niñas menores de 16 años de derechas no podrán abortar sin el consentimiento de sus papás, que estarán de acuerdo con la interrupción del embarazo, pero sin escándalos y en Londres, como toda la vida, y de paso madre e hija podrán aprovechar para hacer unas compras. Y es que los trapos sucios –demos una vuelta al dicho popular, ya que estamos–, no se lavan en casa, sino fuera, bien lejos, como Dios manda.
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