Hoy podría escribir páginas y páginas contando mis noches de Reyes. Sin embargo, pueden resumirse en unas líneas porque el proceso de nervios y emoción era siempre el mismo.
En casa dormíamos mi hermana y yo en una habitación y mis dos hermanos en otra, pero la noche de Reyes nos intercambiábamos. Yo dormía con mi hermano pequeño porque me contaba cuentos hasta que me dormía y cuando despertaba, íbamos corriendo a despertar a mamá para abrir la puerta del salón y ver los regalos. A través de un cristal rugoso adivinábamos las formas que se escondían detrás. El año increíble fue el del cochecito para llevar los muñecos con un bebé precioso dentro. El del patinete. El de la cocinita Moltó. De mi hermano recuerdo su cara de sorpresa el año de la bici. Cada uno teníamos un trozo de sofá con nuestros nombres escritos en tarjetas por mamá o por nosotros mismos. Y en cada trozo se agolpaban los paquetes siempre impecablemente envueltos por mamá.
Los cuentos que inventaba mi hermano para mí giraban en torno a niños o “seres” que vivían su particular día de Reyes. Había un mejicanito cuya voz imitaba, un niño mimado que quería más juguetes, Ajempumpito, un clásico del que me contaba historias todo el año y en Reyes también recibía lo suyo. Era maravilloso escucharlo contándome los cuentos desde la litera de arriba donde yo dormía esa noche especial.
Todos deberíamos tener de niños a alguien que nos hiciera fantasear, creer en los Reyes Magos y en la magia, un hermano único como el mío, una madre atenta al detalle. Entiendo que para otros sea la Navidad y Papá Noel el momento especial del año, pero en mi casa lo hemos celebrado siempre a la española, el 6 de enero, Día de Reyes, con roscón, churros y chocolate caliente, todos en bata y pijama, felices, mirando sin parar nuestros regalos.
Ya no es lo mismo, pero el recuerdo es imborrable y hace que añore esa parte de la infancia en la que se cree lo increíble, que todo es posible, que cualquier cosa que desees podrá conseguirse. Y en el fondo sigo pensando así, sin Reyes. Si me esfuerzo, puedo.
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