Cuando te haces mayor te vas haciendo un poco padre. Protestas, riñes, corriges y la moral recta aumenta. Como se suele decir, la edad nos hace más conservadores pero no por ello menos comprensivos e intolerantes. A algunos sí, sin duda, y de esos hay que huir como de la peste.
Lo bueno de crecer y madurar, e incluso de envejecer, es que si se ha aprovechado la vida uno sabe más y puede reconocer a su especie en todo tipo de situaciones y saber quién miente, quién es bondadoso, de quién conviene alejarse, con quién merece la pena quedarse.
El tiempo pasa para algunos mejor que para otros pero en general me gusta encontrarme con la gente que evoluciona y cambia, que da un paso, a la que cuando veo después de un tiempo noto distinta, mejor. No dejamos de cambiar como no dejamos de envejecer. Hay algo digno y admirable en saber cómo pasa el tiempo por uno, en ser consciente del cambio y en el intento de no abandonarse.
Hace poco oí de boca de un compañero que poco nos quedaba ya para disfrutar de la vida, que ya estábamos cerca de los cuarenta, y yo pensé: “Pero si acaba de empezar, si ahora viene lo mejor, si ahora es cuando estoy serena y puedo realmente disfrutar y saborear, porque por fin sé y ya no tengo miedo, o no el miedo continuo de antes, cuando era más joven”.
Pocos reflexionan, la mayoría vive y muere y desaprovecha, no vive dignamente. Unos tanto, otros muy poco. No quiero llegar a la vejez y pensar que no lo merezco, me gusta cumplir años y ver que hago lo posible por ser más persona, más humana, por amar más y mejor. El tiempo pasa –como decía Pablo– y nos vamos haciendo viejos. La razón se impone. Bienvenida sea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario