La calle por la que subía a diario le mostró, una mañana, la luna llena que quería ocupar el cielo más allá de la noche. La imagen desapareció al volver la esquina y subir por la cuesta de la iglesia, donde sin embargo siguió pensando en lo que había visto y en otras escenas diurno-nocturnas que a lo largo de su vida había disfrutado.
Así, pensó en un amanecer vacacional en Cádiz en el que el silencio la despertó y la obligó a dar un paseo por la playa. Un caballo blanco trotaba por la orilla como si no fuera bello e insólito, como si lo normal fuera mostrarse así ante el mundo y no excepcional, como si lo inevitable y lógico aquel día fuera haberse cruzado con ella. Siguió caminando con el corazón bombeando con fuerza en su interior una vez el caballo se perdió a su espalda. El momento había pasado y no había cámara de fotos ni vídeo que hubiera almacenado aquello. Solo estaría en su memoria. No era poco.
Le asalta el recuerdo de una mañana en la que la nieve había cubierto la ciudad durante la noche. Vio cómo sucedía, cómo a medida que avanzaba hollaba con sus pasos la blancura y lo impoluto del paisaje y el ligero sonido de la nieve bajo sus pies, aplastada sin quererlo. Lo recuerda porque había un silencio extraño. “Como los comienzos de la historia, del mundo”, recuerda que pensó en ese momento. Y recordar lo que uno recordó es como recordar de nuevo y todo se muestra ante nosotros como la primera vez.
¿Hay algo mejor que visitar la memoria?, se pregunta tras llegar a su destino con la imagen aún reciente de la luna fugaz. Recuerda una cita de Chesterton que decía: “Los parajes imperecederos que nos será dable volver a ver mientras vivamos, con solo cerrar los ojos, no son aquellos que contemplamos siguiendo las instrucciones de una guía, sino los que no nos detuvimos a mirar; aquellos por donde atravesábamos cuando íbamos pensando en otra cosa”.
Ha llegado a su destino, y en mitad de la reunión que le ocupará un par de horas y en la que anota sin cesar en un cuaderno no puede dejar de ver esa luna callejera que le ha cambiado el día sin quererlo.
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