Por lo que sé de padres con hijos que se hacen mayores, es muy parecida la sensación de vértigo al saber que has de lanzar a la nueva criatura al mundo cuando terminas una novela y no queda nada más que enseñar, quizá un punto aquí o una coma allá, al menos por parte del autor-padre.
Los hijos crecen y hay un primer día en que viajarán solos en el metro y volverán a casa habiendo visto con sus propios ojos no siempre lo que nos gustaría.
A mi niña, de casi doscientas páginas, la tengo que dejar ir para que se relacione con los demás y quizá otros la quieran y crezca con ellos -no en número de páginas sino de autoestima y madurez-. Ojalá guste mucho y allá donde vaya triunfe, le deseo lo mejor, como madre que soy suya, no podía ser menos. Pero he de dejarla ya y pensar en mi próximo proyecto, pues este me ha tenido absorbida más de dos años.
Cuando la registre sí ya estará lista para ser presentada al mundo, con su mejor traje y, espero, pocos errores, aunque alguno habrá, si no, no sería mi pequeña. Con sus errores y sus defectos pero también con bastantes aciertos se la mostraré a los que quieran leerla, aún no sé muy bien cómo.
Se lee bien, no será difícil que el lector se quede atrapado, aunque quizá caiga pesada a los lectores de acción, puramente consumidores de sucesos y tramas policiacos. Cuando la creé no pensé en eso, si así fuera nada de lo que escribo me gustaría. No escribo para los demás, quizá sí para algunos “demás” a los que les guste dar vueltas y vueltas al pensamiento, a lo que nos ronda a todos de un mismo modo o muy parecido, al fin y al cabo, los problemas no son tan diferentes. Me detengo en las emociones más nimias del personaje cuando escribo, en sus observaciones.
Mi narrador dará buena cuenta de la historia en la que los vivos y los muertos se dan la mano sin querer y las mujeres son maltratadas con astucia y engaño, pero también salen a flote. Los hombres no salen muy bien parados. Es una historia de hombres malos, muy malos, y mujeres algo complicadas, cobardes y valientes, víctimas en la mayoría de los casos, lisiadas, embarazadas, feas, madres, putas, grandes como seres mitológicos, dulces y buenas como lo sería un hada. Son mis mujeres y mis hombres, es mi historia y ahora he de dejarla libre a mi pesar. Espero que sepa cuidarse.
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