sábado, 21 de enero de 2012

Alegrías y asperezas

Desde tiempos inmemoriales… Así comienzan muchas de las historias para que el lector o el espectador de una película o documental puedan situarse en épocas no vividas, pasadas, misteriosas por ello y atractivas en consecuencia.

Desde tiempos inmemoriales el hombre ha buscado la felicidad. Este es mi comienzo. Hay un ensayo de Punset sobre la felicidad y unos cuantos de Marina que me interesan más, sin duda, y en todos hay el mismo ejercicio a realizar, auto-preguntarse, hacerse una lista física -con lápiz y papel- o mental dividiendo en dos la vida, las alegrías y las asperezas.

Siempre, si se tiene un espíritu positivo, por supuesto, salen más alegrías que asperezas. Así, por ejemplo, podría ser una aspereza: “Llego justita a final de mes para pagar el alquiler y las facturas”. Pero podría ser una alegría: “Tengo un apartamento para mí sola con todas las comodidades, acogedor y luminoso”. ¿Que esta alegría nos hace llegar justitos a finales de mes? Bueno, es una consecuencia, no una aspereza.

He aprendido en los últimos ocho años bastantes cosas, y aunque provengan del sufrimiento en su mayor parte y de grandes asperezas, las consecuencias, los resultados, los posos que han quedado del dolor son positivos. A escala mayor, la vida de cada uno es así constantemente, pero no somos capaces de visualizarla en conjunto o no queremos, y es un ejercicio sano y extraordinario.

Por épocas centramos nuestra energía en un proyecto positivo y sin darnos cuenta vamos dirigiéndonos a su consecución. Resulta extraño, por ejemplo, pensar ahora en los años de facultad y en la cantidad de horas de estudio dedicadas a acabar una licenciatura. Este fue uno de los objetivos más grandes de nuestra vida. Después, inconscientemente, enamorarnos, buscarnos afecto -simultaneamos el estudio y el amor-. Después quisimos poner en práctica el conocimiento adquirido y trabajar, más tarde viajar -trabajar y viajar y seguir enamorados-. Y así, las tareas se iban complementando y solapando pero en ocasiones las motivaciones se venían abajo y uno tenía que buscar razones para estar vivo y darle sentido a su vida.

Vivimos bajo motivaciones y alegrías pero son inevitables las asperezas, aunque si saben integrarse pueden traer efectos beneficiosos para uno a la larga, incluso la madurez emocional. ¿Difícil? Sí, pero ponla en tu lista de objetivos, “Búsqueda de la madurez emocional” y junto a “Ser feliz” y ya verás lo que sale, probablemente una alegría.

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