Supongo que existirá más de un estudio, y mucho más de uno y dos ensayos sobre la necesidad del encuentro entre amigos en épocas de crisis. Lo que reconforta volver a verse después de unos meses con esos dos, tres amigos con los que uno se siente como en casa y puede reír y llorar sin pudor ni vergüenza vale más que mil sesiones de terapia y frustración en soledad pensando en lo que será de nosotros.
El mundo parece haberse vuelto loco y hacerse el olvidadizo en cuanto a las mínimas normas de convivencia y tranquilidad que le habíamos pedido. Pero lo hicimos mal y el pacto se ha roto. Todo está un poco loco y envilecido. Lo más canalla ha aflorado en todo país y continente. Siempre ha habido una parte delirante entre la cordura, un mal frente al bien, un diablo entre nosotros que nos hace permanecer alerta y ser personas, ser incluso algo mejores. Pero el "todos juntos por un bien común" parece estar en decadencia y obsoleto y el sálvese quien pueda gana terreno.
"Entre este caos y tristeza generalizadas apareció la palabra...", podría comenzar la crónica de estos tiempos escrita para los del futuro, las generaciones que nos observarán y querrán no repetir la locura pero probablemente no podrán evitar hacerlo. La palabra es poderosa, tan poderosa que si uno nombra correctamente lo que sucede, un accidente, un asesinato, una violación, un abuso... no hay vuelta atrás. "He sido violada" nunca podría confundirse con "He sido molestada". Sabemos la diferencia entre unos y otros casos, entre la importancia de unas acciones y la banalidad de otras. Lo que sin duda ha cambiado es el valor de violación o asesinato, que de tanto leerlas pasa como con el juego de repetir una palabra muchas veces hasta que pierde su sentido y suena extraña o el clásico "jamón, jamón, jamón..." que nos lleva al clero y a la mujer casada con Dios. Son palabras que ya no dan miedo y no tienen la fuerza que tenían. Hay que volver a "escuchar" las palabras, de verdad, con el corazón, entendiendo lo que significan.
Ya no hay dios ni dioses y alguien parece haberse apropiado de los significados originales de las palabras. Los amigos parecen haberse convertido únicamente en caras sonrientes en nuestros contactos de una red social. A algunos ni siquiera los conocemos pero su rostro y sus aficiones nos animan a apretar el botón de "amigo" con seguridad, y así sumamos mil, tres mil, cuatro mil amigos, mientras la tarde de domingo se desliza en soledad.
Las grandes ciudades agosteras dan para estas reflexiones y para muchas otras que quedan por hacer. En este fin de semana de reencuentro con viejos amigos (no amigos viejos) en una ciudad pequeñita y acogedora, las risas y las palabras nos han unido a todos más si cabe y nos han hecho un poco más felices. En los tiempos que corren esto es mucho y valioso y me siento una privilegiada. La amistad, en tiempos de crisis, arraiga y no hay quien la arranque, es demasiado fuerte.
domingo, 19 de agosto de 2012
miércoles, 15 de agosto de 2012
Qué significas hoy
A veces los sentimientos no tienen palabras y por más que las buscas no encuentras las adecuadas para describir un instante o una sensación. A veces hay tanto que decir que las dichosas palabras, herramientas útiles hace un instante, se convierten en complejos objetos que quién sabe cómo se utilizarán.
Intentaré, sin embargo, usar unas pocas, hoy unas, mañana otras, para que no se me olvide nada, para describir o aproximarme al menos a este estado de muerte en vida que nos han impuesto nuestros propios compañeros de batalla, de equipo. La "traición" es la primera palabra que me viene a la mente. La "cobardía" es otra, por ejemplo la de este gobierno que no es capaz de decir basta a lo exigido por los que nos aprietan y nos masacran a diario.
El "cinismo" y la "hipocresía" son otras dos palabras muy de moda que desgraciadamente están dejando de comprenderse y de suscitar alarma entre quienes las escuchan porque cuando les explicas el significado te dice: "Qué ingenuo eres, si eso lo hacemos todos". Y te miran como si fueras estúpido.
Ese es el milagro de las palabras, lo mágico que tienen. Que en un momento fueron terribles en todo su significado, para otras generaciones de humanos y otros momentos, y de repente se convierten en inofensivas, redundantes o pasadas de moda. El "coño" ya no es un palabrota y ha pasado, con los años, a ser una expresión de sorpresa o molestia, casi infantil. "Recorte" es ya una de las más temidas, no "cinismo", quizá porque nadie imagina un "recorte cínico", es demasiado terrible.
El "rescate", una palabra hermosa que significaba ayuda, compañerismo, un juego de nuestra niñez, empieza a ser la prisión, la cárcel, justo lo contrario de la liberación que emulaba. Y así con todo. Las palabras empiezan a darme miedo, pues quizá mañana me levante y "esperanza" o "alegría" haga reír a más de uno mientras las pisotea por anticuadas a costa de la nueva moda, la "incertidumbre", el "miedo".
Intentaré, sin embargo, usar unas pocas, hoy unas, mañana otras, para que no se me olvide nada, para describir o aproximarme al menos a este estado de muerte en vida que nos han impuesto nuestros propios compañeros de batalla, de equipo. La "traición" es la primera palabra que me viene a la mente. La "cobardía" es otra, por ejemplo la de este gobierno que no es capaz de decir basta a lo exigido por los que nos aprietan y nos masacran a diario.
El "cinismo" y la "hipocresía" son otras dos palabras muy de moda que desgraciadamente están dejando de comprenderse y de suscitar alarma entre quienes las escuchan porque cuando les explicas el significado te dice: "Qué ingenuo eres, si eso lo hacemos todos". Y te miran como si fueras estúpido.
Ese es el milagro de las palabras, lo mágico que tienen. Que en un momento fueron terribles en todo su significado, para otras generaciones de humanos y otros momentos, y de repente se convierten en inofensivas, redundantes o pasadas de moda. El "coño" ya no es un palabrota y ha pasado, con los años, a ser una expresión de sorpresa o molestia, casi infantil. "Recorte" es ya una de las más temidas, no "cinismo", quizá porque nadie imagina un "recorte cínico", es demasiado terrible.
El "rescate", una palabra hermosa que significaba ayuda, compañerismo, un juego de nuestra niñez, empieza a ser la prisión, la cárcel, justo lo contrario de la liberación que emulaba. Y así con todo. Las palabras empiezan a darme miedo, pues quizá mañana me levante y "esperanza" o "alegría" haga reír a más de uno mientras las pisotea por anticuadas a costa de la nueva moda, la "incertidumbre", el "miedo".
domingo, 12 de agosto de 2012
Al despertar
El sol ya está muy alto cuando me despierto. No se oye más que un pájaro a lo lejos, no es una gaviota aunque el mar está cerca.
Tengo la piel tirante del sol del día anterior a pesar de la ducha y las cremas, y en la almohada distingo alguna que otra arena, finísima, que me hace pensar en los años que tendrán esos restos, de la cantidad de olas y pies que han participado en su desgaste para acabar en mi almohada, la de una casa de amigos que más pareciera la de un cuento. Paredes pintadas de colores vivos, ventanas con visillos y madera a cada instante. El suelo cruje cuando lo pisas y sé que se oye desde abajo.
A lo lejos distingo el llanto del bebé de mi amiga y la oigo trastear y cómo el llanto deja de oírse, probablemente la criatura ya comiendo entre los brazos de su madre.
Bajo a desayunar al comedor pero antes paso por el jardín. Abro la puerta principal y me asomo. Me recibe un sol abrasador y luminoso, insólito en esta zona. En la segunda galleta y con el primer café, llega mi amiga con el bebé alimentado y limpito. Lo sienta frete a nosotras. Estamos de buen humor, reímos, él ríe con nosotras. Charlamos, miramos al bebé, despertamos nuestras conciencias, bromeamos como niñas que nunca han sido mujeres. Somos mujeres que no han dejado nunca de ser niñas.
Baja el resto de la casa al comedor, poco a poco, a la llamada del aroma del café, del hambre. Cuando acabamos nos preparamos para la playa. Va a hacer otro día de calor que en este Cantábrico es poco habitual y por ello más deseado. Todo el mundo habla del calor. De donde vengo es habitual y me hace gracia su alarma. Yo estoy en la gloria.
Nos echamos la crema y nos tumbamos al sol, damos un paseo y continuamos con las confidencias. Bromeo con mi amiga, nos vayamos, miramos el horizonte con sonrisa de sal y ojos achinados por el sol. El momento es tan único que quiero guardarlo y lo hago, lo almaceno bien escondido en la memoria.
Al despertar esta mañana en mi cama de la gran ciudad me ha parecido oír el llanto del bebé, mañanero, pidiendo alimento, y he visto la sonrisa de sal y sol de mi amiga en el techo del cuarto.
Tengo la piel tirante del sol del día anterior a pesar de la ducha y las cremas, y en la almohada distingo alguna que otra arena, finísima, que me hace pensar en los años que tendrán esos restos, de la cantidad de olas y pies que han participado en su desgaste para acabar en mi almohada, la de una casa de amigos que más pareciera la de un cuento. Paredes pintadas de colores vivos, ventanas con visillos y madera a cada instante. El suelo cruje cuando lo pisas y sé que se oye desde abajo.
A lo lejos distingo el llanto del bebé de mi amiga y la oigo trastear y cómo el llanto deja de oírse, probablemente la criatura ya comiendo entre los brazos de su madre.
Bajo a desayunar al comedor pero antes paso por el jardín. Abro la puerta principal y me asomo. Me recibe un sol abrasador y luminoso, insólito en esta zona. En la segunda galleta y con el primer café, llega mi amiga con el bebé alimentado y limpito. Lo sienta frete a nosotras. Estamos de buen humor, reímos, él ríe con nosotras. Charlamos, miramos al bebé, despertamos nuestras conciencias, bromeamos como niñas que nunca han sido mujeres. Somos mujeres que no han dejado nunca de ser niñas.
Baja el resto de la casa al comedor, poco a poco, a la llamada del aroma del café, del hambre. Cuando acabamos nos preparamos para la playa. Va a hacer otro día de calor que en este Cantábrico es poco habitual y por ello más deseado. Todo el mundo habla del calor. De donde vengo es habitual y me hace gracia su alarma. Yo estoy en la gloria.
Nos echamos la crema y nos tumbamos al sol, damos un paseo y continuamos con las confidencias. Bromeo con mi amiga, nos vayamos, miramos el horizonte con sonrisa de sal y ojos achinados por el sol. El momento es tan único que quiero guardarlo y lo hago, lo almaceno bien escondido en la memoria.
Al despertar esta mañana en mi cama de la gran ciudad me ha parecido oír el llanto del bebé, mañanero, pidiendo alimento, y he visto la sonrisa de sal y sol de mi amiga en el techo del cuarto.
martes, 7 de agosto de 2012
Imagina que está
No quedaban más que la forma y el olor en la sábana aún caliente cuando abrió los ojos medio dormida y miró a su lado. Una "ese" grande podía leerse si se veía desde arriba el colchón. La sábana, como la arena ideal en la que dejar la señal del paso por allí. El olor era perturbador, un incienso mezclado con sudor que le recordó a la última vez que se vieron, unos diez años atrás.
Se puso un té cargado e intentó imaginar cómo sería el mundo ahora que él ya no estaba a su lado. Si habría cambiado algo la luz de la escotilla, si la portera la saludaría del mismo modo, si podría respirar o el oxígeno habría dejado de existir ahí fuera. Miró por la ventana y el mundo le pareció inhóspito. No quería salir a un espacio poco prometedor que la esperaba con hostilidad, atento a cualquier error que ella cometiera, deseando echársele encima para reprocharle un defecto, un fallo en el orden natural de las cosas. "Yo no tengo la culpa", pensó. Pero al mismo tiempo deseó estar bajo tierra, bien hundida en el centro del mundo, esperando a que otras criaturas obraran por ella.
Cuando él la llamó desde la cama y le abrió las sábanas para que se sumergiera allí, en el paraíso de las sábanas frescas, y ser así arropada, sintió que volvía al mundo real, que las fantasías sin él no eran buenas compañeras, que más valía disfrutar de su presencia siempre que él estuviera, que sería hoy, y al siguiente día, y al siguiente, cada vez que ella imaginara su presencia.
Se puso un té cargado e intentó imaginar cómo sería el mundo ahora que él ya no estaba a su lado. Si habría cambiado algo la luz de la escotilla, si la portera la saludaría del mismo modo, si podría respirar o el oxígeno habría dejado de existir ahí fuera. Miró por la ventana y el mundo le pareció inhóspito. No quería salir a un espacio poco prometedor que la esperaba con hostilidad, atento a cualquier error que ella cometiera, deseando echársele encima para reprocharle un defecto, un fallo en el orden natural de las cosas. "Yo no tengo la culpa", pensó. Pero al mismo tiempo deseó estar bajo tierra, bien hundida en el centro del mundo, esperando a que otras criaturas obraran por ella.
Cuando él la llamó desde la cama y le abrió las sábanas para que se sumergiera allí, en el paraíso de las sábanas frescas, y ser así arropada, sintió que volvía al mundo real, que las fantasías sin él no eran buenas compañeras, que más valía disfrutar de su presencia siempre que él estuviera, que sería hoy, y al siguiente día, y al siguiente, cada vez que ella imaginara su presencia.
lunes, 23 de julio de 2012
Cómo lo ves
Las aventuras muchas veces comienzan siendo pequeñas
escapadas o salidas a un día cualquiera sin demasiadas sorpresas. Las buenas
aventuras incluyen ver cosas nuevas que nos sorprende. Las aventuras no siempre
apetecen, pero una vez que uno se embarca en ellas se aprovechan.
Me quedan unos pocos días para estar en Londres, para
cambiar casi radicalmente de clima, de calzado, de ojos. Unos pocos, muy pocos
días para empezar a ver cosas distintas, caras nuevas, un idioma que no manejo
ni mucho menos con soltura. Solo unos días para visitar a los amigos que un día
hicieron las maletas y se plantaron en Londres con lo puesto y a los que les va
bien, sin duda, mucho mejor de lo que les iba por aquí.
Quiero profundizar Londres y verlo esta vez con ojos de
habitante, “de amiga del amigo que vive allí” porque la primera lo hice con
cuerpo de turista y el rostro no era el mismo, ni yo la misma, por supuesto.
“Mi rostro mañana” –recuerdo a Marías– será el de una mujer que ha visto cómo
se desenvuelve un amigo en la ciudad que visita, cómo vive, cómo piensa, qué
come. Uno siempre desea ver lo mismo
que ven los ojos de las personas a las que ama.
Y es que muchas veces se nos olvida que todos vemos distinto Si lo recordáramos más a
menudo no nos llevaríamos tantos disgustos, no nos sorprenderíamos tanto y
aprenderíamos de las debilidades de los demás a generar una compasión que nos
pondría al nivel del resto, el mismo, nunca por encima, nunca superior. Una
compasión, en definitiva, por nosotros mismos y nuestra vulnerabilidad.
Qué mejor ejercicio de humildad que viajar.
viernes, 20 de julio de 2012
Duele
Me duele España
como antaño
le dolió a mi Vallejo,
a mi Machado,
Miguel o Rosalía,
a mujeres y hombres
que pisaron la tierra
que hoy lamenta su suerte.
España grita y gime
en los últimos tiempos.
No llega a estar vencida,
no invadió el desaliento
pero poco le falta
para llorar sin freno,
para dormir de día
con los ojos abiertos.
Me duele tanto España
que por primera vez,
desde que soy persona,
he pensado en huir,
en hacer la maleta,
en meter la cabeza
bien hondo
bajo tierra.
Me duele España
de lado y boca arriba,
sentada y de rodillas.
No consigo encontrar
la postura impostada
la de que no me importa
la de que todo vale.
Y entonces, desde ahora,
voy a sacar el hacha
y a defender con ella
lo poco que le queda
a esta patria sin letras,
sin palabras que evadan
sin cómicos, sin risa,
sin arte,
inacabada.
como antaño
le dolió a mi Vallejo,
a mi Machado,
Miguel o Rosalía,
a mujeres y hombres
que pisaron la tierra
que hoy lamenta su suerte.
España grita y gime
en los últimos tiempos.
No llega a estar vencida,
no invadió el desaliento
pero poco le falta
para llorar sin freno,
para dormir de día
con los ojos abiertos.
Me duele tanto España
que por primera vez,
desde que soy persona,
he pensado en huir,
en hacer la maleta,
en meter la cabeza
bien hondo
bajo tierra.
Me duele España
de lado y boca arriba,
sentada y de rodillas.
No consigo encontrar
la postura impostada
la de que no me importa
la de que todo vale.
Y entonces, desde ahora,
voy a sacar el hacha
y a defender con ella
lo poco que le queda
a esta patria sin letras,
sin palabras que evadan
sin cómicos, sin risa,
sin arte,
inacabada.
miércoles, 18 de julio de 2012
Entre la novedad y la costumbre
¿Nos ha pasado a todos alguna vez o es cosa mía? ¿Eso de
sentir que no hay tiempo para todo lo que hay por hacer y por aprender?
Internet me brinda la oportunidad de oro de saber, y saber,
y saber… pero también me hace ser plenamente consciente de que no tengo tiempo
para abarcarlo todo, de que he de
seleccionar entre la variedad que se me ofrece. Tenerlo ahí, tan accesible, y
no poder tocarlo, hace que picotee aquí y allá, un zapping que me lleva de una página a otra, de un link a una
noticia, a una aplicación para el smartphone de noticias de la que solo rescato
los titulares y los termino de leer a duras penas, apremiada por la urgencia de
pasar a otra noticia. Me detengo en lo
que realmente pienso que puede merecer la pena, pero quizá a mitad de la
lectura me aburra y busque deseosa otra que me interese más.
Entre tanta oferta rescato lo que puedo pero a veces no
disfruto de lo que debería pensando en lo que estoy perdiéndome. Parecería
lógico desear, pues, menos donde elegir, y sin embargo lo necesito. Necesito
que me rodeen las opciones. Dejar una cosa, pasarme a otra, aprender tres
idiomas a un tiempo (no es cierto eso de que si no te centras en uno acabas no
aprendiendo bien ninguno, solo que aprendes más lentamente). Al menos con el picoteo me siento saciada, con la
elección de uno solo me falta algo.
Qué distinto con las personas, sin embargo.
Me encantan los amigos
elegidos, los que siento a menudo, los que me colman precisamente con la
repetición de sus gestos y de sus manías.
Qué grato es un amante que sabemos
cómo va a besar y dónde va a morder, de qué modo acariciará
nuestro pelo. Qué placentero aspirar su olor y sentirte como en casa.
domingo, 15 de julio de 2012
De compras
Los momentos veraniegos se ampliarán en Madrid a partir de hoy, al añadir una nueva actividad al ocio, las compras, ya que la nueva ley de la Comunidad de Madrid permite a los comerciantes abrir sus tiendas las veinticuatro horas del día si lo desean. Dicen que así se generará empleo. Ahora, pues, habrá turnos diurnos y nocturnos para muchos de los empleados de las tiendas y sin embargo el metro cierra antes. Sí, así es la política absurda de este gobierno que no deja de sorprenderme.
Fabra elogia la ética de su hija como si la disculpa de que sus insultos en el Congreso iban dirigidos a los del PSOE y no a los parados la excusara de su mala educación y de sus peores maneras. El cinismo, la hipocresía, la chulería, la tomadura de pelo nunca fue tan insultante en un gobierno (exceptuando el de Aznar) que nos priva de lo esencial para dárselo a los ladrones que no supieron gestionar y así convencer a Europa, el monstruo que todo lo come y todo lo ve. Imagino a Rajoy robando víctimas inocentes durante la noche para aplacar el apetito de la bestia, para expiar una culpa que muchos no sabemos por qué hemos de pagar. Una deuda moral con un grupo que no se apiada de nadie porque no es momento de risa ni de compasión, hay dinero por medio, prestigio, la posibilidad de un derrumbe.
La ingenuidad que da muchas veces la ignorancia en determinados temas como el económico, en mi caso, a pesar de intentar comprender lo que está sucediendo leyendo la prensa a diario, te lleva a reflexiones como la de hoy. Muchos pueden pensar eso, qué ingenuidad y tontería la del que no sabe que no hay otro modo de salir de esta.Me pregunto, no sé, pienso, por qué no, quizá, invertir en las ayudas a los estudiantes universitarios, a la investigación, a la cultura de este país, a su promoción -y no hablo de fútbol- y quizá así a largo plazo estemos creando una fuente de ingresos más para el país y no todo sea charanga, pandereta y fútbol y quizá unas Vegas a lo provinciano, pequeñitas, para que el señorito vaya con su puta o su señora a disfrutar del juego con un buen puro en la boca, que eso de que el tabaco es malo, bueno, cosas de los de izquierdas, que quieren quitar todo lo bueno, dicen, que son unos agoreros...
No sé cuál es el modo, no sé qué se hizo tan mal para que estemos pasando por esto pero me parece injusto que lo paguen los más débiles y vulnerables: los parados y los funcionarios del estado. Los primeros porque rebajándoles lo que se les daba se les está haciendo creer que era una limosna y no lo merecían. Y los segundos... qué decir de los segundos. Cuando uno firma un contrato de trabajo que incluye unas extras no considera que estas sean un regalo ni una bonificación no merecida, forma parte de su sueldo. La eliminación de la paga extra de Navidad a los funcionarios nos deja con un próximo invierno cruel y anodino en el que muchos no podrán disfrutar de la tranquilidad de unos días en familia. Eso sí, las tiendas estarán abiertas las veinticuatro horas, llenas de luces y regalos para la clase alta y la media que aún quede, no creo que los parados y los funcionarios tengan mucho ánimo para ir de compras ni que la subida del IVA ayude a consumir.
Fabra elogia la ética de su hija como si la disculpa de que sus insultos en el Congreso iban dirigidos a los del PSOE y no a los parados la excusara de su mala educación y de sus peores maneras. El cinismo, la hipocresía, la chulería, la tomadura de pelo nunca fue tan insultante en un gobierno (exceptuando el de Aznar) que nos priva de lo esencial para dárselo a los ladrones que no supieron gestionar y así convencer a Europa, el monstruo que todo lo come y todo lo ve. Imagino a Rajoy robando víctimas inocentes durante la noche para aplacar el apetito de la bestia, para expiar una culpa que muchos no sabemos por qué hemos de pagar. Una deuda moral con un grupo que no se apiada de nadie porque no es momento de risa ni de compasión, hay dinero por medio, prestigio, la posibilidad de un derrumbe.
La ingenuidad que da muchas veces la ignorancia en determinados temas como el económico, en mi caso, a pesar de intentar comprender lo que está sucediendo leyendo la prensa a diario, te lleva a reflexiones como la de hoy. Muchos pueden pensar eso, qué ingenuidad y tontería la del que no sabe que no hay otro modo de salir de esta.Me pregunto, no sé, pienso, por qué no, quizá, invertir en las ayudas a los estudiantes universitarios, a la investigación, a la cultura de este país, a su promoción -y no hablo de fútbol- y quizá así a largo plazo estemos creando una fuente de ingresos más para el país y no todo sea charanga, pandereta y fútbol y quizá unas Vegas a lo provinciano, pequeñitas, para que el señorito vaya con su puta o su señora a disfrutar del juego con un buen puro en la boca, que eso de que el tabaco es malo, bueno, cosas de los de izquierdas, que quieren quitar todo lo bueno, dicen, que son unos agoreros...
No sé cuál es el modo, no sé qué se hizo tan mal para que estemos pasando por esto pero me parece injusto que lo paguen los más débiles y vulnerables: los parados y los funcionarios del estado. Los primeros porque rebajándoles lo que se les daba se les está haciendo creer que era una limosna y no lo merecían. Y los segundos... qué decir de los segundos. Cuando uno firma un contrato de trabajo que incluye unas extras no considera que estas sean un regalo ni una bonificación no merecida, forma parte de su sueldo. La eliminación de la paga extra de Navidad a los funcionarios nos deja con un próximo invierno cruel y anodino en el que muchos no podrán disfrutar de la tranquilidad de unos días en familia. Eso sí, las tiendas estarán abiertas las veinticuatro horas, llenas de luces y regalos para la clase alta y la media que aún quede, no creo que los parados y los funcionarios tengan mucho ánimo para ir de compras ni que la subida del IVA ayude a consumir.
viernes, 6 de julio de 2012
London Fields, London Friends
Un momento veraniego es insólito porque sucede muy pocas
veces al año. Solo tres meses, cuatro como muchísimo, de ese calor luminoso en
el que las horas duran más de sesenta minutos.
Los momentos veraniegos son únicos como todo lo que
sucede pocas veces. La repetición mata la novedad y la pasión, el placer nunca
es el mismo cuando una y otra vez queremos hacer lo que nos emocionó un día
concreto.
Mi momento veraniego favorito es el de la siesta. Con el
mes de julio llega la jornada intensiva, que me lleva a casa de cabeza a
echarme en el sofá rojo, donde me dejo arrullar por el sonido del ventilador
grande.
El despertar me trae el deseo de dulce y la mala leche
inevitables, pero al vivir sola no molesto a nadie. Voy descalza al baño, me
mojo la cabeza e intento despertarme. En la cocina me recibe un calor sofocante
pues el sol pega a esa hora en el ventanal. Abro el congelador y cojo un Yolado, este año toca esto, en otros ha
habido Mini Magnum. Me lo como somnolienta con la tele muy baja y el salón en
penumbra hasta que me despierto del todo. Y entonces aún queda toda la tarde
por delante… Cuento las telarañas del techo, me pinto las uñas, juego a ver
caras en los objetos cotidianos, y así, los dos tornillos paralelos de un
enchufe son dos ojillos que me observan. Si salgo al balcón de mi cuarto miro
las nubes y escucho los pájaros. El cielo suele ser en Madrid azul intenso en
verano pero a veces hay bonitas nubes en las que imaginar hermosos rostros o
criaturas amenazantes. Todo es cuestión de imaginación. Qué cantidad de cosas
dependen de esta. La propia vida, los momentos veraniegos, no existirían sin
imaginación. Si hay algo peor que el aburrimiento son las personas que dicen
que se aburren, que no saben qué hacer con el tiempo libre deseado, las horas
muertas… Se me ocurren tantos momentos veraniegos que aconsejarles…
Después del balcón o en vez de ese momento puede haber
otro que este año estreno, y es el de las clases de natación durante el mes de
julio, en las que bailo en el agua y me machaco con pesas de corcho con una
profesora que no es la del resto del año y con compañeros de distintos grupos
que no conozco. La novedad es que hago el ejercicio sin estar cansada, sin acabar
de llegar agotada de un día de trabajo para meterme en agua helada a las nueve
de la noche. Son las 7:30. A las nueve estaré en casa dispuesta a organizar una
cena ligera para uno con velas encendidas mientras aún es de d o. Lastaón en las que hacemos en caer en la
segunda plas encendidas mientars a. A las nueve estar cansada, sina cabar os
rostroía, aunque desde que entramos en el solsticio de verano los días
empiezan a ser más cortos.
Echo de menos tener compañía. Me gustaría llegar a casa
y que me dieran un masaje y un besito en el cuello, comentar el día, darme una
ducha abrazada a otro cuerpo, tocar otros pies con los dedos de los míos,
despertarme al día siguiente con unos ojos hermosos dormidos a mi lado…
Soy capaz, gracias a la siesta también, de ponerme a
leer un libro después de cenar sin caer dormida en la segunda página. Disfruto al
Amis de London Fields entre futuras
imágenes de un Londres que me espera expectante este verano junto a mi mejor
amigo. Los momentos veraniegos tienen mucho de amor y compañía, no solo de
onanismo siestero y de abandono, para eso hay muchas noches de invierno.
sábado, 30 de junio de 2012
Las pérdidas huelen a azucenas
Hoy es el fin de muchas cosas, no solo del mes de junio, que
se va con la sensación de haber iniciado el verano duramente.
En el solsticio
iniciado unas flores han muerto esta mañana en mi jarrón verde. Como buenas
azucenas, han querido acompañarme hasta su último suspiro porque querían
cumplir su función de alegrarme, de perfumar el ambiente casero caluroso. Lo
han hecho. De madrugada, en mitad de la corriente de dos ventanas, me han
traído a la cama el olor dulzón del que son portadoras y me han hecho el despertar
más dulce esta semana.
Hoy es el fin de los dolores de cabeza que me han tenido
martirizada estos últimos días, el fin de una etapa para muchas personas que
conozco y a las que quiero. Y aunque sé, con ellas, que todo irá bien en esta
nueva vida que empieza ya, en unas horas, hay cierta nostalgia en el ambiente a
pesar de ser verano. Pero hoy ha amanecido Madrid extrañamente tranquilo. A pesar de estar luminoso, el viento, cierto frescor, la ausencia de bochorno que
caracterizaba estos días atrás, están haciendo de la de hoy una mañana rara. No encuentro mejor adjetivo.
Hoy es el fin de ciertas tristezas y probablemente el comienzo de otras. Hoy es el día en que echan a volar los sueños perdidos y aparecen otros
dispuestos a instalarse en mi corazón. Hoy estoy cursi, pero es que el fin de
las cosas huele a azucenas dulzonas y te ahoga en llanto por dentro, lágrimas
secas que pugnan por salir pero que se quedan encerradas sin remedio, no hay
otra forma de expresarlo.
domingo, 24 de junio de 2012
No cabemos
Me los encontré ya alguna vez en los ojos de otros y me
resultaron tristes y amenazantes. A veces veía su reflejo al volver una
esquina, al echarme la crema de por las mañanas y en el fondo del cansancio del
final del día. Pero en todos los casos me pareció que nunca se atreverían a
mostrarse en toda su forma ni en ponerse frente a mí y pedirme que me quedara
con ellos. Nunca.
Hoy, sin embargo, están aquí, y como sucede con los
prejuicios iniciales frente a lo desconocido, una vez vistos no son tan malos. Quizá
la amenaza la había creado yo misma por la novedad que suponía tener algo
diferente instalado en mi vida cuando ya me había acostumbrado a estar bien con
lo que me rodeaba y conocía de la rutina diaria.
Se han sentado en el sofá rojo y se han comportado con
decoro y educación, no tengo nada que reprocharles. Lo que sí echo en falta es
que no hayan llegado con más alegría, los veo demasiado formales. Creo que irán
cogiendo confianza, y a medida que nos conozcamos irán contándome más de ellos
mismos y yo les daré la turra con mis obsesiones que hoy parecen ser un poco
menos. Lo poco que los conozco, y ya me siento más segura. No todo lo nuevo ha de ser amenazante ni en sí
mismo malo. Eso sí, son muchos, nada menos que cuarenta, y mi apartamento,
pequeño. No sé qué va a pasar esta noche cuando tengamos que irnos todos a
dormir, en el futón no cabemos…
miércoles, 20 de junio de 2012
De emociones y afectos
Me siguen preocupando los errores de los otros. Los míos los
controlo, escucho en mi interior cómo mejorarlos y, en definitiva, intento eliminarlos.
La edad te da capacidad de reflexión y de rectificación, pensamiento
y sosiego. Paz si uno logra vivir acorde a sus ideas y a su forma de ver el
mundo. Mejor persona si además consigues ayudar en algo a los demás y, en
consecuencia, ser más feliz.
Últimamente, no sé si por la edad, que nos hace también más
observadores, veo lo que vulgarmente se conoce como “la paja en el ojo ajeno”,
aunque quizá en este caso en el que estoy no sea exacta la expresión, pues
implica un descuido de las “pajas” propias que yo no tengo. Veo las mías y las
despejo para visualizar más claramente las de los demás, que entorpecen sus
vistas y horizontes.
No comprendo cómo han podido engañarnos tanto, cómo hemos dejado que los errores de los demás nos hayan salpicado hasta el punto de que
parezcan nuestros. Los países mediterráneos, los pobres de Europa, estamos de
capa caída. Los griegos, los peor parados, cometen errores que son indudables
pero además se les atribuyen los de una Europa mal planificada y con una moneda
endeble tras la que no hay un respaldo, una unidad política.
España padece esos errores europeos de los países
supuestamente más avanzados. ¿Tan malos somos, tan mal lo hemos hecho? Soy
consciente de estos errores “latinos”, de la malicia, de la corrupción, de la “burbuja”
inmobiliaria, pero tampoco entiendo por qué somos lo peores de la clase cuando
supuestamente estábamos unidos para ayudarnos, no para pisarnos y echarnos
fuera.
Veo mis errores, mis faltas leves y graves pero no creo
merecer este castigo ni creo que lo merezca Grecia, cuyos ciudadanos, por
cierto, trabajan más horas que los de Alemania. Cuando se está en el mismo
equipo no castiga uno a su compañero, para eso está el grupo, para apoyarse y
arropar. Quizá de emociones y afectos sabemos más por estas tierras que por
esas frías y desangeladas de la otra Europa.
jueves, 14 de junio de 2012
Las portadillas que me dedicaste
La
Feria del Libro que termina me ha dejado un buen sabor de boca. No pude ir
hasta el penúltimo día, pero he podido moverme, como en un paseo marítimo sin
mar de fondo, entre rostros conocidos y sus obras.
Adoro
las letras de esos rostros con nombre y apellidos a los que a veces no asocio
con lo leído, esas pocas palabras que dejan señal en las portadillas de
mis libros –nunca, jamás, han de dedicarse los libros en las guardas, es de mal
gusto y feo, abrir el libro y encontrarte las palabras tan pronto–. Ojeo entre
los volúmenes que poseo y releo de vez en cuando cómo se expresan mis muy
queridos autores favoritos, qué parte de sí mismos asoma en sus trazos.
La
letra de Marías es hermosa y compleja, apretada aunque con algún respiro a
ratos y pequeña. La última dedicatoria que poseo, la de esta Feria, de Luis
Alberto de Cuenca, no es bonita pero tiene una A capital que me
deja hipnotizada. Diría que es Z, pero indudablemente se trata de una
A. Recuerdo la firma, también reciente, de Manuel Rivas, el dibujo de la
herradura hecho con pluma y elegancia.
Los
hay apasionados y descuidados, los que salen del paso y los que se esfuerzan.
Pero entre todos han hecho que mis libros estuvieran más vivos, si cabe, y los
han convertido en objetos aún más valiosos para mí. Recuerdo los momentos
pasados, los días en que me los dedicaron, cuando leo esas pocas palabras, un
“Para Elsa” únicamente muchas veces, tan especial en boca –o pluma– de tu autor
favorito.
Alejados del anonimato y de la contención, en la Feria del Libro se
lucen los pobres escritores como representantes de sus letras sin quererlo,
obligados la mayoría de las veces por editores y librerías (que quieren
aumentar así la venta de ejemplares) a estar ahí parados durante horas, haga
calor o mucho calor, casi nunca fresco en estas fechas. Qué es del escritor sin
cierto anonimato, sin embargo… Veo estos días la película Anonymous, que
trata de indagar a través de un brillante guión, original y verosímil, quién se
escondía detrás de Shakespeare, quién escribió esas obras, quién las firmó.
Imagino
una Feria con rostros agraciados y caras sonrientes en nombre de autores
reacios a aparecer en público o poco hermosos físicamente. Serían sus
representantes para no tener que aparecer ellos mismos, feos o callados,
maniáticos o poco afables, tal vez.
No
es la televisión, pero es espectáculo. No puedes escribir una obra que agite
las conciencias e intentar ser anónimo, aunque algunos, como Salinger, sí lo
consiguieron.
De
poco vale que te ocultes, autor mío, porque esas portadillas que me dedicaste
son ya mi tesoro, me da igual tu rostro o el tono de tu voz, eres lo impreso.
domingo, 10 de junio de 2012
Al rescate
Me gustan dos
de las acepciones que para la palabra rescatar
da la RAE. Una: “Liberar de un peligro, daño, trabajo, molestia, opresión”.
Otra: “Recobrar el tiempo o la ocasión perdidos”.
Supongo que
cuando alguien te libera de un peligro parecería raro que volvieras a caer en
él, que de nuevo te expusieras, que te la jugaras, pues podría ser que no
volvieras a ser rescatado. Recobrar el tiempo perdido, en la acepción de la RAE,
es proustiano, evocador, e implica un
ejercicio de inteligencia que pocos serían capaces de realizar antes de poner
en práctica otro tipo de acciones que los llevaran a rumbos diferentes, a
enmendar sus errores. Pero quién no ha tenido segundas oportunidades y ha
vuelto a cagarla, -perdón por el término utilizado, pero no se me ocurre uno
mejor-.
Si la cagamos
los que pensamos y tenemos una educación moral y una ética, qué no harán los
inmorales, los que hacen firmar con la huella a analfabetos para ganar
beneficios, los que juegan con los ahorros de toda una vida de las personas, los
que animan a comprar y a poseer a aquellos que nunca soñaron siquiera con estar
en este lado del mundo, en el de los primeros.
Qué paso, de
tercero a primero. Ese sí que es rescate y sin embargo pronto se convierte en
pesadilla, y esa propiedad, ese espacio que parecía ya era tuyo es de pronto de
nadie y los que te engañaron son rescatados para que puedan seguir engañando,
porque a estas alturas nadie cree que si a un ambicioso y trapisonda le das más
dinero para que se recupere vaya a aprender y decir, “Venga, va, ahora voy a
hacerlo bien”. Y la culpa no será suya sino nuestra por tontos, por volver a
confiar en quien no debemos, por rescatar a los que no merecen ser rescatados y
más valdría haber dejado morir, ahogados por su propio error.
Eso sí, los que
habían pasado a primera, vuelven a tercera: muchos, a sus países de origen. En
el primero, pero como ciudadanos de tercera, se quedan unos pocos, más
analfabetos que antes y sin derecho a curarse las heridas. Eso sí, aún podrán
firmar con el dedo.
viernes, 1 de junio de 2012
La extraña familia
El parque es grande, profundo, pareciera que no tuviese fin. El aspecto sombrío de algunos rincones le da carácter pero hace estremecer las conciencias si te quedas demasiado tiempo parado.
Es un parque para pasear e ir dejando los problemas a los lados. Los gatos que llenan el parque a veces se quedan mirando un rincón fijamente, y si te asomas a ver qué han visto, puedes encontrarte con las cosas más insólitas, como una hipoteca sin pagar, un marido y unos hijos, un abuelo perdido que da vueltas sobre sí mismo desconcertado.
Los caminantes del parque dejan en los rincones parte de ellos mismos aunque no lo sepan. Qué hay más nuestro que nuestros fantasmas. Los problemas en el parque parecen tomar vida propia y no querer irse, y así, conviven en discreta armonía.
Cuando se acercan los pasos de un caminante nuevo, todos se paran a escuchar, a la espera de que el recién llegado les acompañe en sus largos días, como los de los gatos. Y es este el modo en que llega un nuevo miembro a la extraña familia.
El parque en el que viven los problemas compensa el sobresalto de sostener esta carga con una vegetación esplendorosa que le deja respirar. Al llegar la primavera, cuando atravieso el parque, aspiro el olor a humedad que ha quedado pegado a las hojas en el reciente otoño, y escucho a los pájaros desde temprano piando desesperados por encontrar su lugar en el mundo.
Los veranos en el parque hay muchos más problemas juntos que durante todo el año. La gente aprovecha el buen tiempo para salir y caminar, para dejar arrinconado lo que no pueden cargar en sus conciencias.
Ayer por la mañana dejé bien escondidos tras unos setos los asuntos que me entorpecían, pero al regresar de vuelta por el mismo camino, a la caída de la tarde, me dio pena su indefensión y me los llevé de nuevo a casa. Al fin y al cabo me pertenecen, llevamos juntos bastante tiempo, somos una especie de familia. Y además, no creo que pudieran sobrevivir sin mí.
Es un parque para pasear e ir dejando los problemas a los lados. Los gatos que llenan el parque a veces se quedan mirando un rincón fijamente, y si te asomas a ver qué han visto, puedes encontrarte con las cosas más insólitas, como una hipoteca sin pagar, un marido y unos hijos, un abuelo perdido que da vueltas sobre sí mismo desconcertado.
Los caminantes del parque dejan en los rincones parte de ellos mismos aunque no lo sepan. Qué hay más nuestro que nuestros fantasmas. Los problemas en el parque parecen tomar vida propia y no querer irse, y así, conviven en discreta armonía.
Cuando se acercan los pasos de un caminante nuevo, todos se paran a escuchar, a la espera de que el recién llegado les acompañe en sus largos días, como los de los gatos. Y es este el modo en que llega un nuevo miembro a la extraña familia.
El parque en el que viven los problemas compensa el sobresalto de sostener esta carga con una vegetación esplendorosa que le deja respirar. Al llegar la primavera, cuando atravieso el parque, aspiro el olor a humedad que ha quedado pegado a las hojas en el reciente otoño, y escucho a los pájaros desde temprano piando desesperados por encontrar su lugar en el mundo.
Los veranos en el parque hay muchos más problemas juntos que durante todo el año. La gente aprovecha el buen tiempo para salir y caminar, para dejar arrinconado lo que no pueden cargar en sus conciencias.
Ayer por la mañana dejé bien escondidos tras unos setos los asuntos que me entorpecían, pero al regresar de vuelta por el mismo camino, a la caída de la tarde, me dio pena su indefensión y me los llevé de nuevo a casa. Al fin y al cabo me pertenecen, llevamos juntos bastante tiempo, somos una especie de familia. Y además, no creo que pudieran sobrevivir sin mí.
martes, 22 de mayo de 2012
De todos
Qué sencillo es asimilar lo que poseemos cuando es agradable y tenemos desde que nacimos.
Me había acostumbrado a pensar que la educación gratuita y de calidad para todos era normal. Que la sanidad era un derecho que nadie podía violar de ningún modo, pues sería tan absurdo o improbable su falta como hacer que el sol se cubriera por voluntad propia.
No había podido imaginar que esos espacios culturales a los que me he acostumbrado a ir a menudo, regularmente, desde niña, iban a tener que cerrar o al menos dejar de ser lo que fueron, espacios vivos donde aprender gracias a las exposiciones, los conciertos, el teatro... gratuitos o económicos. Qué palabras tan alejadas ahora, que parece que nada lo es, que por todo hemos de pagar desorbitadamente.
Estaría dispuesta a gastar más por esos espacios cuyos ingresos van a descender porque no hay nada peor que un museo a medio hacer o una sala vacía y muerta que no exponga ni muestre, en la que no fluyan las formas, las almas de los actores, los cuadros de un pintor, los textos viejos ya pero amados de los antiguos libros.
Qué será de los fondos de las bibliotecas públicas, ya de por sí precarios, en los que te haces con una novedad un año después de haberse publicado y en los que faltan títulos fundamentales. La crisis no nos lleva, como pensaba al principio, ingenuamente, a lo público, porque lo público va a dejar de existir es decir, va a pasar a ser privado, y por tanto caro e inaccesible para muchísimos ciudadanos. No es que se acabe con el acceso a la cultura, es que directamente se va a acabar con la cultura. Menos exposiciones, cierre de centros culturales (hoy el Conde Duque y el Matadero ven reducidos sus fondos).
Dejaremos de gastar en libros, cines y copas los más pobres, los que más ganan seguirán ganando y consumiendo en su ocio como siempre. Nosotros no tendremos ni el consuelo de las bibliotecas. En consecuencia, el ocio de los más jóvenes seguirá siendo el alcohol y las drogas baratas. Muchos, por aburrimiento, caerán en la delincuencia a la que lleva el hastío y la miseria, la falta de objetivos y los pocos alicientes y oportunidades que te niega una sociedad. Y eso nos afectará a todos, a los ricos también, no iban a librarse de esto.
Las consecuencias de la ignorancia son fatales, reducir los gastos para la enseñanza pública nos lleva a lo que tanto criticábamos de America Latina hace unos años, no tantos en realidad. Ellos aprendieron algunas cosas de nosotros. Ahora nosotros volvemos atrás y nos hacemos insolidarios, populistas, clasistas, usureros y muy, muy ignorantes.
Me había acostumbrado a pensar que la educación gratuita y de calidad para todos era normal. Que la sanidad era un derecho que nadie podía violar de ningún modo, pues sería tan absurdo o improbable su falta como hacer que el sol se cubriera por voluntad propia.
No había podido imaginar que esos espacios culturales a los que me he acostumbrado a ir a menudo, regularmente, desde niña, iban a tener que cerrar o al menos dejar de ser lo que fueron, espacios vivos donde aprender gracias a las exposiciones, los conciertos, el teatro... gratuitos o económicos. Qué palabras tan alejadas ahora, que parece que nada lo es, que por todo hemos de pagar desorbitadamente.
Estaría dispuesta a gastar más por esos espacios cuyos ingresos van a descender porque no hay nada peor que un museo a medio hacer o una sala vacía y muerta que no exponga ni muestre, en la que no fluyan las formas, las almas de los actores, los cuadros de un pintor, los textos viejos ya pero amados de los antiguos libros.
Qué será de los fondos de las bibliotecas públicas, ya de por sí precarios, en los que te haces con una novedad un año después de haberse publicado y en los que faltan títulos fundamentales. La crisis no nos lleva, como pensaba al principio, ingenuamente, a lo público, porque lo público va a dejar de existir es decir, va a pasar a ser privado, y por tanto caro e inaccesible para muchísimos ciudadanos. No es que se acabe con el acceso a la cultura, es que directamente se va a acabar con la cultura. Menos exposiciones, cierre de centros culturales (hoy el Conde Duque y el Matadero ven reducidos sus fondos).
Dejaremos de gastar en libros, cines y copas los más pobres, los que más ganan seguirán ganando y consumiendo en su ocio como siempre. Nosotros no tendremos ni el consuelo de las bibliotecas. En consecuencia, el ocio de los más jóvenes seguirá siendo el alcohol y las drogas baratas. Muchos, por aburrimiento, caerán en la delincuencia a la que lleva el hastío y la miseria, la falta de objetivos y los pocos alicientes y oportunidades que te niega una sociedad. Y eso nos afectará a todos, a los ricos también, no iban a librarse de esto.
Las consecuencias de la ignorancia son fatales, reducir los gastos para la enseñanza pública nos lleva a lo que tanto criticábamos de America Latina hace unos años, no tantos en realidad. Ellos aprendieron algunas cosas de nosotros. Ahora nosotros volvemos atrás y nos hacemos insolidarios, populistas, clasistas, usureros y muy, muy ignorantes.
martes, 15 de mayo de 2012
La luz que me atraviesa
Un atardecer desde los Jardines de Sabatini viendo el Palacio Real, una visita a Sol, donde se concentró el nacimiento de los Indignados que empiezan a resultar simbólicos e irreales, una comida al aire libre bajo una sombrilla, otra oyendo las gallinas y oliendo hierba caliente. Un paseo de montaña que se convierte en peligroso por unos minutos que parecen horas, un viaje en coche atardeciendo en castellano, rosados y azules de fondo, mucho cielo. Estornudos y alergias, piel quemada pero viva, hipersensibilidad de olores y emociones. Contacto humano y perruno, niños, familia, mascotas, risas, amigos.
Muchos días libres, muchas canciones, muchas caras y voces, algunas nuevas y amables. El calor, protagonista indiscutible de las vacaciones, me lleva de nuevo a la infancia, al comienzo de la estación que se iniciaba pocos días antes de mi cumpleaños, anunciando los regalos, las vacaciones, los días de playa con olor a sol radiante, los paseos con mamá de compras de bañadores y ropa luminosa y bonita. Libros nuevos para llevarme en la maleta, feria del libro del Retiro con tormentas de verano y un libro con olor a nuevo entre las manos, aire acondicionado del centro comercial, mamá y yo juntas, guapas las dos, de la mano, brillantes de felicidad. Noches de juegos en la calle, de balón prisionero y rescate, de heridas en las rodillas, de tiritas y lágrimas, de sudor y olor de haber estado en la calle mucho tiempo.
El veranito, el calor y las noches pegajosas que refrescan de madrugada si dejas todo abierto cuando ya es demasiado tarde y hay que levantarse para trabajar con ojeras y cansancio a cuestas, de perros ladrando a lo lejos en un paseo tardío por el parque que hay debajo de casa. Olor mañanero a calor desde temprano, pájaros que a primera hora y a última se vuelven locos en griterío, luz y más luz que ciega y me aclara los ojos y las ideas, que me embellece por dentro como si alguien hubiera encendido el interruptor de la luz que me atraviesa.
Muchos días libres, muchas canciones, muchas caras y voces, algunas nuevas y amables. El calor, protagonista indiscutible de las vacaciones, me lleva de nuevo a la infancia, al comienzo de la estación que se iniciaba pocos días antes de mi cumpleaños, anunciando los regalos, las vacaciones, los días de playa con olor a sol radiante, los paseos con mamá de compras de bañadores y ropa luminosa y bonita. Libros nuevos para llevarme en la maleta, feria del libro del Retiro con tormentas de verano y un libro con olor a nuevo entre las manos, aire acondicionado del centro comercial, mamá y yo juntas, guapas las dos, de la mano, brillantes de felicidad. Noches de juegos en la calle, de balón prisionero y rescate, de heridas en las rodillas, de tiritas y lágrimas, de sudor y olor de haber estado en la calle mucho tiempo.
El veranito, el calor y las noches pegajosas que refrescan de madrugada si dejas todo abierto cuando ya es demasiado tarde y hay que levantarse para trabajar con ojeras y cansancio a cuestas, de perros ladrando a lo lejos en un paseo tardío por el parque que hay debajo de casa. Olor mañanero a calor desde temprano, pájaros que a primera hora y a última se vuelven locos en griterío, luz y más luz que ciega y me aclara los ojos y las ideas, que me embellece por dentro como si alguien hubiera encendido el interruptor de la luz que me atraviesa.
sábado, 12 de mayo de 2012
De mitomanías y otras debilidades
Una vez
coincidí en un restaurante con Javier Bardem y John Malkovich y apenas pude
cenar, más preocupada de escuchar sus conversaciones que de disfrutar de lo que
tenía en el plato. Fue en La Bardemcilla hace ya muchos años.
Cuando uno
tiene cerca a un “famoso” de los admirados, de los que es impensable imaginar
encontrarse jamás en su vida tan cerca, escuchar su risa, su voz, su forma de
comentar el vino, de pedirlo, de degustarlo, lo primero que desea es saberlo
todo sobre esa persona, preguntarle cómo le va, tocarle el rostro quizá para
confirmar que está hecho del mismo material que nosotros, analizar cómo coge el
cubierto o qué comenta. Era difícil encontrar a un actor extranjero en mi
ciudad, uno de mis preferidos, y por azares del destino lo tenía aquella noche
sentado a mi lado, impecable.
Tengo muchos
libros dedicados de mis autores favoritos, la mayoría de ellos adquiridos en la
Feria del Libro del Retiro, donde cada año estampan su firma amablemente
intentando ser originales en la dedicatoria. Imagino que antes de irse a dormir
harán un repaso de las más usadas o genéricas e irán intercalándolas entre los
libros de sus admiradores, que aguardan pacientemente en la cola a que les
llegue su turno. Buf.
Ayer estuve a
punto de comprar el último libro de uno de mis autores más admirados y leídos,
Vargas Llosa, y finalmente pensé que lo pediría para mi cumpleaños. Seguí
haciendo compras durante la tarde y a última hora de la noche fui a cenar con
una amiga a un pequeño y acogedor bistro francés en el centro de la capital,
pero ciertamente oculto un una calle pequeña. Unas poquitas mesas en la
entrada, la barra a la izquierda y al fondo otras tres mesas. Nos dieron una
redondita muy mona y acogedora. La cena estaba siendo excepcional y relajada y
de repente nos dimos cuenta de que estábamos solas pues de la mesa más cercana
se acababan de levantar los últimos clientes. En el segundo plato se abrió la
puerta y apareció Vargas Llosa impecablemente vestido, moreno y elegante,
sonriente, acompañado por su esposa y por la que parecía ser su asistente, una
joven despierta y vivaz con acento peruano. Se sentaron a nuestro lado.
A
Vargas Llosa le gusta el pollo tai, el buen vino y no sabe qué exposición irá a
ver hoy, ya que estaba barajando posibilidades. Habló de política y de la
situación social. Mi amiga y yo intentábamos seguir nuestra cena como si tal
cosa pero era realmente difícil teniéndolo tan cerca y escuchando sus
comentarios. Le sonreímos, es a todo lo que pudimos llegar, porque qué le dices
a un hombre así, “me gusta su obra” -obvio-, “enhorabuena por el Nobel tan
merecido” -obvio y pasado ya, no acaban de dárselo-, “¿puedo invitarte a tomar
algo y charlar de literatura?”. Esta sí, esta hubiera sido la pregunta clave
que como imaginaréis no hice, así que me quedé sentada sonriendo viendo cómo se
iba, saludando, el rostro de sonrisa exultante, el porte único, quizá cavilando
ya en el día siguiente, cuando después de escuchar música clásica, ir a caminar
y leer los periódicos -lo contó una vez en una entrevista, por eso lo sé- se
tuviera que poner a trabajar en su último proyecto, que cuál será, qué emoción
cuando lo lea y sepa que en esos días en Madrid, y en concreto aquella noche
del 11 de mayo, ya el cumpleaños del 15-M, pues eran más de las doce ,
él estaba pensando en ese personaje nuevo, en una escena concreta de la nueva
obra, en un giro del argumento inesperado, como encontrarte al final de un día
largo al escritor al que admiras cenando junto a ti y disfrutando, también, de
su viernes.
viernes, 11 de mayo de 2012
Calabazas
Es muy temprano y ya se ha colado la mosca, la de todos los años por estas fechas, en mi salón. Tengo la ventana abierta y huele a verano aunque parezca increíble. Hace solo tres días que estábamos abrigados y encogidos, el cielo gris de tormentas más otoñales que primaverales. Y de pronto, nos hemos saltado una estación y estamos en verano. Las piernas blancas y las ojeras grises siguen ahí pero pronto desaparecerán, a los de la segunda vivienda en playa o montaña ya este fin de semana, el resto tardaremos un poco más.
Con el buen tiempo llegan también las concentraciones callejeras masivas. El triunfo de equipos de fútbol se celebra dejando a su paso paradas de autobús hechas añicos, todo tipo de desperdicios por las calles aledañas del centro que cuando vas a trabajar tempranito, caminando, levantan el ánimo... Ha llegado el buen tiempo. Las terrazas de los bares, tan acogedoras y agradables, espantan con el ruido de borrachos y ociosos a sus vecinos, y el paseo de mediodía, después de comer, se convierte en un infierno por las elevadas temperaturas. Hay que hacer deporte al aire libre a horas restringidas, o muy temprano -ya mismo salgo al Retiro, por cierto- o a última hora del día.
No hay restricciones para los noctámbulos o futboleros borrachos, que se adaptan a todos los horarios y temperaturas, pero ojo, has de tener en cuenta que, como la Cenicienta, a partir de las 12 de la noche tu hermoso carruaje se convertirá en calabaza. En tu caso, no debes estar más allá de las 22:00 horas en la Puerta del Sol de Madrid estos días, pues tu pacífica celebración para conmemorar el año de aniversario del Movimiento del 15-M puede convertirse en violencia y muerte.
La España de hoy se está convirtiendo en calabaza, en la España de la posguerra pero sin ella, en los rancios cincuenta y en los peleones setenta que llevaron a la Democracia y que ahora no sabemos a dónde nos llevará. Los inmigrantes sin papeles no tienen ayuda sanitaria y una operación puede costarles más de 20.000 euros, ya veremos cómo lo pagan, ese es su problema, quizá más valdría morirse, y a los bancos se les inyecta money, money para que todos estemos tranquilos mientras en las portadas de un desvergonzado diario nacional aparecen las fotografías de líderes estudiantiles como peligrosos delincuentes.
El final de la Eurocopa se celebrará con una manifestación de la ultraderecha por el Centro de la Capital para defender "lo español", autorizada por la Comunidad de Madrid, pero Madrid vive estos días acordonada y acojonada por más de 2.000 agentes antidisturbios ante la amenaza de pacíficos ciudadanos, entre los que se encuentran ancianos y niños, y esos estudiantes de FP o Filosofía y Letras tan peligrosos que entre el 12 y el 15 de mayo saldrán a la calle a celebrar y a decir que están ahí, que cuenten con ellos, que quieren ser alguien entre tanta deshumanización e injusticia, que no los recorten simplemente.
Con el buen tiempo llegan también las concentraciones callejeras masivas. El triunfo de equipos de fútbol se celebra dejando a su paso paradas de autobús hechas añicos, todo tipo de desperdicios por las calles aledañas del centro que cuando vas a trabajar tempranito, caminando, levantan el ánimo... Ha llegado el buen tiempo. Las terrazas de los bares, tan acogedoras y agradables, espantan con el ruido de borrachos y ociosos a sus vecinos, y el paseo de mediodía, después de comer, se convierte en un infierno por las elevadas temperaturas. Hay que hacer deporte al aire libre a horas restringidas, o muy temprano -ya mismo salgo al Retiro, por cierto- o a última hora del día.
No hay restricciones para los noctámbulos o futboleros borrachos, que se adaptan a todos los horarios y temperaturas, pero ojo, has de tener en cuenta que, como la Cenicienta, a partir de las 12 de la noche tu hermoso carruaje se convertirá en calabaza. En tu caso, no debes estar más allá de las 22:00 horas en la Puerta del Sol de Madrid estos días, pues tu pacífica celebración para conmemorar el año de aniversario del Movimiento del 15-M puede convertirse en violencia y muerte.
La España de hoy se está convirtiendo en calabaza, en la España de la posguerra pero sin ella, en los rancios cincuenta y en los peleones setenta que llevaron a la Democracia y que ahora no sabemos a dónde nos llevará. Los inmigrantes sin papeles no tienen ayuda sanitaria y una operación puede costarles más de 20.000 euros, ya veremos cómo lo pagan, ese es su problema, quizá más valdría morirse, y a los bancos se les inyecta money, money para que todos estemos tranquilos mientras en las portadas de un desvergonzado diario nacional aparecen las fotografías de líderes estudiantiles como peligrosos delincuentes.
El final de la Eurocopa se celebrará con una manifestación de la ultraderecha por el Centro de la Capital para defender "lo español", autorizada por la Comunidad de Madrid, pero Madrid vive estos días acordonada y acojonada por más de 2.000 agentes antidisturbios ante la amenaza de pacíficos ciudadanos, entre los que se encuentran ancianos y niños, y esos estudiantes de FP o Filosofía y Letras tan peligrosos que entre el 12 y el 15 de mayo saldrán a la calle a celebrar y a decir que están ahí, que cuenten con ellos, que quieren ser alguien entre tanta deshumanización e injusticia, que no los recorten simplemente.
martes, 8 de mayo de 2012
Hablemos
De todos es sabido que hacer palabra el pensamiento, verbo
el alma, es una de las cosas más terapéuticas que pueden hacerse cuando se está
confuso y se siente uno solo ante el peligro. No es este tal, quizá, y muchas
veces se trata solo del vértigo que produce tomar una decisión sobre tal o cual
asunto que no debería causarnos preocupación ni desvelo pero que lo hace sin
que podamos evitarlo.
Decir en voz alta, compartir esa preocupación absurda o real
y justificada convierte el interior en un paisaje más despejado y más sano que
se acerca a la calma y a veces a la felicidad. Podremos dormir tranquilos esa
noche, la siguiente ya veremos si no nos ataca una nueva duda o si un componente
de la vida que nos rodea se vuelve repentinamente agresivo para exaltarnos.
En mi opinión, la conversación perfecta está llena de
realidad y de buenas intenciones. La
salvadora, la que nos limpia, es la de la sinceridad sin ambages ni
autocensuras al intentar explicarnos cuando somos nosotros los que tenemos que
contar qué nos está sucediendo. El mejor interlocutor es el que nos aconseja y
nos hace ver el error de percepción, el acierto pero también la solución, por
qué no.
Las mejores conversaciones pueden darse a cualquier hora del
día y de la noche y en cualquier lugar, y como las buenas duchas, nos despejan
la mente y nos aclaran las ideas. Bienvenidas sean.
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