Me gustan dos
de las acepciones que para la palabra rescatar
da la RAE. Una: “Liberar de un peligro, daño, trabajo, molestia, opresión”.
Otra: “Recobrar el tiempo o la ocasión perdidos”.
Supongo que
cuando alguien te libera de un peligro parecería raro que volvieras a caer en
él, que de nuevo te expusieras, que te la jugaras, pues podría ser que no
volvieras a ser rescatado. Recobrar el tiempo perdido, en la acepción de la RAE,
es proustiano, evocador, e implica un
ejercicio de inteligencia que pocos serían capaces de realizar antes de poner
en práctica otro tipo de acciones que los llevaran a rumbos diferentes, a
enmendar sus errores. Pero quién no ha tenido segundas oportunidades y ha
vuelto a cagarla, -perdón por el término utilizado, pero no se me ocurre uno
mejor-.
Si la cagamos
los que pensamos y tenemos una educación moral y una ética, qué no harán los
inmorales, los que hacen firmar con la huella a analfabetos para ganar
beneficios, los que juegan con los ahorros de toda una vida de las personas, los
que animan a comprar y a poseer a aquellos que nunca soñaron siquiera con estar
en este lado del mundo, en el de los primeros.
Qué paso, de
tercero a primero. Ese sí que es rescate y sin embargo pronto se convierte en
pesadilla, y esa propiedad, ese espacio que parecía ya era tuyo es de pronto de
nadie y los que te engañaron son rescatados para que puedan seguir engañando,
porque a estas alturas nadie cree que si a un ambicioso y trapisonda le das más
dinero para que se recupere vaya a aprender y decir, “Venga, va, ahora voy a
hacerlo bien”. Y la culpa no será suya sino nuestra por tontos, por volver a
confiar en quien no debemos, por rescatar a los que no merecen ser rescatados y
más valdría haber dejado morir, ahogados por su propio error.
Eso sí, los que
habían pasado a primera, vuelven a tercera: muchos, a sus países de origen. En
el primero, pero como ciudadanos de tercera, se quedan unos pocos, más
analfabetos que antes y sin derecho a curarse las heridas. Eso sí, aún podrán
firmar con el dedo.
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