domingo, 24 de junio de 2012

No cabemos


Me los encontré ya alguna vez en los ojos de otros y me resultaron tristes y amenazantes. A veces veía su reflejo al volver una esquina, al echarme la crema de por las mañanas y en el fondo del cansancio del final del día. Pero en todos los casos me pareció que nunca se atreverían a mostrarse en toda su forma ni en ponerse frente a mí y pedirme que me quedara con ellos. Nunca.

Hoy, sin embargo, están aquí, y como sucede con los prejuicios iniciales frente a lo desconocido, una vez vistos no son tan malos. Quizá la amenaza la había creado yo misma por la novedad que suponía tener algo diferente instalado en mi vida cuando ya me había acostumbrado a estar bien con lo que me rodeaba y conocía de la rutina diaria.

Se han sentado en el sofá rojo y se han comportado con decoro y educación, no tengo nada que reprocharles. Lo que sí echo en falta es que no hayan llegado con más alegría, los veo demasiado formales. Creo que irán cogiendo confianza, y a medida que nos conozcamos irán contándome más de ellos mismos y yo les daré la turra con mis obsesiones que hoy parecen ser un poco menos. Lo poco que los conozco, y ya me siento más segura. No todo lo nuevo ha de ser amenazante ni en sí mismo malo. Eso sí, son muchos, nada menos que cuarenta, y mi apartamento, pequeño. No sé qué va a pasar esta noche cuando tengamos que irnos todos a dormir, en el futón no cabemos…




1 comentario:

  1. Hasta lo que yo conozco caben esos y bastantes más y según la OMS existe una sana recomendación de facilitar la entrada a cuantos vayan llegando. El cuerpo humano tiene una capacidad casi infinita para ello y que va en proporción a lo que va dejando en el camino compartiendo con otros de su misma especie.

    Según me han dicho se alojan en el corazón básicamente aunque se reflejan por todo el cuerpo. Suelen provocar malestar en articulaciones a veces pero su compañía es mucho más placentera de lo que a priori pareciera. Cuantos más vienen, más te permiten viajar, conocer, sentir, ver, emocionarse, llorar y reír.

    Déjales hueco para que sigan llegando, nunca te arrepentirás.

    ResponderEliminar