sábado, 1 de septiembre de 2012

Qué hostia

Septiembre empieza con fresco en algunos lugares de la Península Ibérica. Por el sur, siguen los incendios y arde Marbella, qué imagen.

Resulta simbólico el fresco y el fuego a un tiempo, que es un poco la sensación que estamos teniendo todos ante lo que se avecina. La subida del IVA, que ha caído en fin de semana -en primer fin de semana de mes-, coincide con la apertura de las tiendas el domingo. Qué emoción. Ya de por sí terrible hacer compras un domingo para que además lo percibas todo más caro. No me importa tanto la subida en sí -que me hace apretarme más el cinturón, sin duda, ya casi no puedo respirar-, sino lo que psicológicamente conlleva: engaño, entuerto... Y a un tiempo, el gobierno español insufla dinero a Bankia.

En unos días, la canciller alemana estará por aquí y no será muy bien recibida. En el ambiente se percibe calor aunque no ha provocado fuego de momento. Pero los españoles aún no han reaccionado. Aturdidos todavía por la resaca de las vacaciones, del verano que acaba, y con las ligas, copas y supercopas que adormecen, no son conscientes de que por fin llegó el temido septiembre. A las subidas de las facturas y de los productos más básicos se unen las medidas drásticas para terminar con la sanidad pública básica para los inmigrantes sin papeles, la eliminación de la paga de Navidad de los funcionarios, los despidos vergonzosos amparados por el gobierno y que se avecinan en multidud de empresas, la caída de la cultura debido a la subida del ocio en todos los sectores, cine, teatro, musicales... Y seguro que me estoy olvidando de algo.

La vuelta al cole de septiembre es una hostia en la cara aunque no queramos sentirla y hagamos como que no nos está doliendo. Hasta a los favorecidos por el sistema les tiene que joder, a nadie le gusta pagar más por respirar de repente, cuando hasta ahora no se sentían constreñidos. ¿Empezará la gente a morir en las puertas de los hospitales por no tener papeles, o apaleados por la policía tras una manifestación pacífica a la que tienen derecho pero que el gobierno califica de "disturbios" y "golpes de estado"?

Tengo miedo. Miedo a la derechona que vuelve con fuerza, miedo a esta Europa que excluye al pobre y deja  la deriva, en un islote, a un montón de inmigrantes recién llegados en patera, que mira hacia otro lado para no verlos. Miedo a Clint Eastwood, asqueada por ese Harry sucio y atroz que defiende la basura blanca de su país con un rifle -cómo engañan algunos a través del arte, que no es la vida ni el artista, se me olvidaba-.

Sé que me queda mucho por ver este septiembre, octubre, noviembre... Mucho por consumir, aunque no quiera, mucha vergüenza por sentir por este país y por quién me gobierna, muchos gritos por proferir y muchas calles que patear con mi pueblo, con El Pueblo, para defender lo que es justo y a quienes merecen más justicia, los más desfavorecidos. Y sé, sin duda, que me queda mucho por hablar, por decir, a aquellos que me pregunten"¿Y para qué vale, si salir a la calle no sirve para nada?". Y una vez más tendré que explicarles que hacerse oír le hace a uno más humano, más persona, más solidario, y en consecuencia más feliz. Y que la felicidad no está en las compras los domingos ni en mirar para otro lado, la tenemos ahí y no se nos ocurre atraparla. Con lo fácil que es.

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