El descubrimiento hace solo unos días de restos óseos en la provincia de Ávila de fusilados republicanos durante la Guerra Civil, casi recién comenzada la contienda, sienta un precedente y estremece las conciencias.
Aparte de los hechos objetivos -el descubrimiento, la identificación de los restos, la exhumación- la historia que rodea a las muertes no puede ser más conmovedora.
Entre los restos de algunos de los huesos, especialmente cerca de los de las muñecas y los pies, se han encontrado clavos -como si de crucificados cristianos se tratase, qué irónico- por lo que se cree que los fusilados fueron torturados antes de morir. Una vecina de la localidad agrupó los sesos desparramados que los tiros de gracia partieron los cráneos en dos. Y otro vecino, un pastor, veló esa noche los cadáveres para que los lobos no se comieran los cuerpos.
Así es a veces la historia, como una pesadilla inimaginable ni en el mejor de los escritores o guionistas. La historia, que siempre nos da lecciones de crueldad infinita, más de la que podamos concebir a pesar de imaginar ya tanta y en concreto en las muertes aún no reconocidas como asesinatos ni dignificadas por el rechazo de la sociedad de derechas más conservadora de las víctimas del franquismo.
Afortunadamente, a veces los restos aparecen y hablan por sí solos, como aquel cráneo de la novela de Alarcón que acusa silenciosamente a su asesina al mostrar un clavo que lo atraviesa de lado a lado a pesar de que la causa de la muerte certificada fuera la apoplejía. Las tierras removidas en el cementerio hacen que se descubra la verdad. El juez Zarco, uno de los personajes esenciales en la obra, expresa de este modo lo inevitable: "Cuando los huesos salen de la tumba a declarar, poco les queda que hacer a los tribunales".
Protejámonos de la vergüenza, que no puedan reclamarnos nuestros hijos o nietos algún día cómo fue posible que no hiciéramos nada para descubrir la verdad y dar descanso y justicia a cada uno de los que recibieron una muerte injusta a manos de unos bárbaros que un buen día no supieron acatar la decisión de todo un pueblo y que además nos vilipendian años después habitando en nuestra democracia, con los derechos y libertades que nos arrebataron y nos hicieron quedar a la cola de la historia y el progreso. Y nos humillan, además, con su silencio obtuso y falso, como ellos.
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