sábado, 5 de mayo de 2012

Austero soy

"La austeridad hasta la muerte lleva a la muerte". Son palabras del ex presidente español Felipe González durante su intervención ayer en el debate sobre la Gobernanza Global que se celebró en la Ciudad de México. Pero podrían reflejar mi pensamiento y el de muchos, que no dejamos de ver en la política de recortes del gobierno español un alargamiento del paro, de la desidia, de la destrucción del Estado de bienestar que durante años ha venido siendo la seña de identidad de este y otros países europeos.

La austeridad me lleva a la Mancha  profunda, a los del 98, al casticismo, al uso conciso y aburrido de la palabra, a la falta de imaginación, al movimiento mínimo que evite el desgaste, a la falta de alegría y de iniciativa, a la oscuridad y a la ausencia de frescura y naturalidad.

Los jóvenes españoles y no tan jóvenes tienen mucha energía acumulada, muchas ganas de trabajar, pero el día que tengan que hacerlo, si por fin pueden hacerlo, no van a saber cómo ante la falta de práctica y de ideas, porque hasta en el trabajo más banal y mecánico las dosis de imaginación, creatividad e iniciativa son bien recibidas y muy útiles. Pero sobre todo, son humanas y te hacen sentirte vivo, dan sentido a tu vida. Sin ellas la monotonía se instala y no hay sentido posible a la existencia. Es hora de volver a la acción, al trabajo, a los recursos que como humanos con inteligencia tenemos y podemos utilizar... si nos dejan.

A estas alturas de la vida en crisis, austera es la palabra, la emoción y hasta el amor. Los sentimientos positivos dejan de expresarse, dejan de serlo porque no se ponen en práctica apenas, demasiado preocupados por mantenernos a flote y llegar a sobrevivir, llegar a ese fin de mes tan ansiado que sin embargo nos lleva a otro comienzo de mes que volverá a ser final y nos tendrá de nuevo atrapados por el yugo, como esclavos de la sociedad de "no bienestar" que somos, con la falsa esperanza de que un día dejemos de vivir para trabajar.

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