Hay momentos y lugares que no deberían interrumpirse ni
violarse. Una maratón no puede terminar violentamente, una clase en la
universidad no ha de verse interrumpida nunca por el estampido del arma de un
terrorista.
Cuando estudiaba el doctorado en la Universidad Autónoma,
tras terminar la carrera de Filología Hispánica, viví el desolador episodio del
asesinato de Tomás y Valiente en su despacho. Alguien entró en nuestra aula y
nos avisó de lo que había sucedido, de lo que acababa de ocurrir a unos pocos metros de nosotros. La
perplejidad primero, después la indignación.
Lo mismo sentí ayer ante la noticia del atentado de Boston.
Y es que hay lugares y actos que parecen inviolables y no me imagino a nadie rompiendo
esas normas no escritas. Pero sucede.
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