Hay días que duelen. Se te clavan en el corazón y en la espalda y te impiden respirar. Hay días en los que descubres que creías que lo habías aprendido todo y que no te volvería a pasar, pero te pasa. Los chascos amorosos son como las gripes, las pillas por mucho que te cuides y que te abrigues.
Aun así da rabia que pase. Estar metido en la cama y sentir que estás perdiendo el tiempo , y una vez pasado el mal, que lo has perdido.
Afortunadamente, darse cuenta a tiempo siempre es mejor que no saberlo nunca, que pasar el resto de tu vida junto a alguien que te machaque a diario, para el que no seamos nada o, simplemente –algo mucho más sencillo y atroz–, junto a alguien que no nos quiera lo suficiente.
Una vez un chico al que adoraba me dijo eso a mi pregunta de si yo le gustaba. Me dijo: “Sí, pero no lo suficiente”. La frase se me clavó en el alma y me destrozó, y aún a veces la recuerdo. Sin embargo, aunque en su momento no la entendí, más adelante sí supe a qué se refería porque nos sucede a todos. Pero que te vuelva a pasar es un poco como de broma, que de nuevo no despiertes en alguien tanto como querrías es atroz y lo seguirá siendo con quince, con veinte y con cuarenta años.